Establecer protocolos sanitarios para evitar contagio de tosferina en lactantes ¡COMPARTE!

Somos unos padres, como tantos otros, que han sufrido la pérdida de un hijo con un mes de vida por culpa de la tosferina, una enfermedad que la mayoría de la gente cree erradicada, al existir vacuna contra ella. Sin embargo la primera dosis de esta vacuna no se administra a los niños hasta los 2 meses de vida, y no es hasta los 6 meses, cuando ya cuentan con 3 de las dosis, cuando la inmunización es realmente efectiva.

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En nuestro caso, nuestro hijo a los pocos días de nacer comenzó con síntomas catarrales. El primer diagnóstico que nos dieron varios pediatras era una bronquiolitis leve, para la que nos recomendaron lavados nasales con suero y estar alerta ante un posible empeoramiento. Le hicieron un seguimiento y evolucionaba bien en cada visita al pediatra.

A sus 27 días empezamos a preocuparnos porque tras toser vomitaba la leche de las tomas, por lo que decidimos llevarle a urgencias. Le revisaron los pediatras y vieron que padecía bronquiolitis y prefirieron ingresarle en planta debido a su corta edad. A la mañana siguiente, y solo a modo de prevención, bajaron a nuestro hijo a la UCI para tenerlo más controlado. De inmediato comenzaron a tratarle tanto de bronquiolitis como de tos ferina, enfermedades respiratorias con síntomas muy parejos, ya que los análisis para determinar esta última enfermedad no son inmediatos y prefirieron prevenir. Tres noches después comenzó un empeoramiento muy rápido hasta que falleció a pesar de los constantes cuidados médicos. No obstante, una vez que un menor desarrolla tos ferina no existen medicamentos curativos, simplemente paliativos.

En la mayoría de los casos de bebés infectados por tos ferina, es un familiar directo el que se la contagia al niño. Los adultos suelen estar enfermos sin saberlo, ya que esta enfermedad se desarrolla de manera generalmente leve en los mayores, hasta el punto de que la mayoría de médicos confunden sus síntomas con los de un simple catarro común. En nuestro caso fue su madre la portadora. Acudió al centro de salud un mes antes de nacer nuestro hijo, tras llevar varias semanas con una tos persistente, y le diagnosticaron un catarro. De haber existido un protocolo de actuación por el que cualquier mujer embarazada recibiese la vacuna contra la tos ferina en caso de presentar síntomas de la enfermedad, la habrían vacunado y nuestro hijo no la habría desarrollado, ya que ésta se traspasa con el contagio directo (por el aire o la saliva, de forma que un simple beso les expone).

Y es que si bien los niños reciben vacunas contra la tos ferina que les inmuniza, sus efectos duran aproximadamente diez años, recibiendo la última dosis a los 14 años, en algunas comunidades autónomas, según el actual calendario de vacunaciones. En el mejor de los casos, la inmunidad dura hasta los 24 años. De ahí que cada vez se den más casos de adultos que contraen la enfermedad, y que al relacionarse con bebés recién nacidos pueden infectarles, aún sin saberlo. En el caso de los lactantes, la enfermedad es altamente peligrosa y no existen medicamentos curativos. Los antibióticos que les suministran para tratarles solo rompen la cadena de transmisión, evitan nuevos contagios, pero no curan al paciente.

Ante la proliferación los últimos años de casos de tos ferina en los países desarrollados, numerosas asociaciones médicas han divulgado la necesidad de promover entre las mujeres embarazadas la llamada “estrategia del nido”, con el fin de evitar el contagio a los recién nacidos. Esta estrategia consiste básicamente en la vacunación de todo el entorno de ese futuro bebé (padres, abuelos, hermanos, tíos, cuidadores, amigos, pedíatras,…). Si estos adultos vacunados quedan inmunes ante la bacteria causante de la tos ferina, es muy difícil que el bebé pueda contagiarse.

En nuestro caso, nos informamos de forma personal sobre la estrategia del nido al esperar otro bebé. Sin embargo, al hablarle sobre esta estrategia al obstetra y al médico de cabecera ninguno sabía de qué se trataba, lo que nos puso sobre aviso de la falta de información para prevenir la tos ferina, no ya entre la población en general sino entre los facultativos.

Por eso solicitamos desde aquí que se establezca un protocolo informativo entre los médicos que atienden a las mujeres embarazadas para que éstas conozcan la existencia de esta estrategia y sus beneficios para prevenir el contagio de tos ferina en sus bebés, de modo que todas las mujeres embarazadas sepan de las ventajas de vacunarse, gracias a que su obstetra, ginecólogo o médico de cabecera le ha informado del tema.  Al igual que hacen con la vacuna de la gripe en grupos de riesgo, deberían informar a los padres de los beneficios de vacunarse, aunque ninguno de los adultos presente síntomas, ya que una vez que el bebé ha contraído la enfermedad, no hay medicamento que le pueda curar, sino que ésta se desarrollara de manera más o menos agresiva en su organismo, hasta que, en el mejor de los casos, remite por sí sola.

Para ello, instamos a los distintos organismos sanitarios del país a formar a los facultativos médicos sobre la tos ferina, los síntomas que presenta y la necesidad de prestar especial cuidado en la atención que se presta a las embarazadas, para que puedan informarlas acerca de esta enfermedad y la forma de prevenirla de manera rutinaria en las consultas.

Además, deberían realizarse campañas informativas, en los centros sanitarios y medios de comunicación, sobre la necesidad de que los adultos se vacunen cada diez años contra la tos ferina, única forma de erradicar por completo esta enfermedad, cuya incidencia está creciendo en los últimos años en nuestro país, hasta el punto de alertar a las sociedades médicas. De hecho, algunas como la Asociación Española de Pediatría, la Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria o la Asociación Española de Vacunología ya está reclamando a las Administraciones Públicas que actúen para prevenir la propagación de esta enfermedad y desarrollen los consiguientes protocolos sanitarios.

Aunque su mortalidad es relativamente baja en comparación con otras enfermedades, la existencia de vacunas para prevenirla, la alta incidencia de contagios, y las complicaciones que se derivan de ella (otitis, neumonía, problemas neurológicos, fallos respiratorios), hacen que sea fundamental actuar para prevenirla, y así evitar que más bebés sufran sus consecuencias.

Ayúdanos a conseguirlo firmando esta petición.

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Fuente: https://www.change.org/

 

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